Contrato de Distribución. Terminación.

Dado un contrato de distribución comercial o de comercialización de productos por terceros, ante la ruptura o terminación intempestiva del contrato, el distribuidor tiene ciertos derechos que debe conocer.

Por empezar el Código Civil y Comercial no regula los contratos de comercialización por terceros o contratos de distribución comercial en sentido amplio. Tampoco regula los contratos de distribución propiamente dichos, sólo establece una norma, la del art. 1511, inc. b), que dispone la aplicación de las normas del contrato de concesión al contrato de distribución en cuanto sean pertinentes.

En efecto, el artículo 1511 del Código Civil y Comercial dispone: «las normas de este capítulo se aplican a:… b) los contratos de distribución en cuanto sean pertinentes». El capítulo en el que se encuentra inserto el artículo indicado es el 18, «Concesión».

Sin embargo la doctrina y la jurisprudencia prestan los siguientes conceptos ante el caso de ruptura del contrato de distribución. Para hacerlo en estos términos, usaré un fallo de la Cámara de Apelaciones de Rosario, Sala I en los autos caratulados: «SUCESORES E. COLETTI S.A. contra ROSARIO REFRESCOS S.A. y otros sobre Daños y Perjuicios» (Expte. N° 38/2014).

Mediante la sentencia número 1.339 de fecha    1° de agosto de 2013 (fs.611/622), el juez de primera instancia hizo lugar parcialmente a la demanda interpuesta por Suc. de Ermando Mario Coletti  S.A. contra Embotelladora del Atlántico S.A. y, en consecuencia, condenó a la demandada a pagar a la actora, en el término de quince días, la suma de treinta y un mil quinientos pesos ($ 31.500.-) más los intereses indicados en los considerandos, e impuso las costas en un treinta por ciento (30%) a cargo de la actora y en un setenta por ciento (70%) a cargo de la demandada.

Para así decidir, el juzgador tuvo por probada la relación comercial de larga data habida primeramente entre Rosario Refrescos S.A. (hoy Embotelladora del Atlántico S.A.) y Ermando Coletti -entre 1973 y 1991- continuada luego por aquélla con la sociedad conformada por los herederos de este último, Suc. de Ermando   Mario Coletti S.A. -entre 1991 y 1997-. Calificó a dicha relación como un contrato de distribución comercial.

En Primera Instancia

El Juez tuvo por acreditado que la relación contractual fue interrumpida por voluntad unilateral   de la demandada. Señaló que si bien en supuestos de contratos de distribución por tiempo indeterminado cualquiera de las partes puede extinguirlo por su propia voluntad y sin necesidad de invocar causa alguna, la jurisprudencia exige que dicha potestad resarcitoria esté precedida por una comunicación previa o preaviso que permita a la parte distribuidora adecuar su giro comercial a un nuevo emprendimiento y, en su caso, que facilite la reestructuración que sobrevendrá a partir del legítimo ejercicio del derecho de extinguir un contrato de tiempo indeterminado.

 Entonces señaló que en el caso, la potestad resarcitoria de la demandada fue ejercida ilegítimamente en razón de no haber cumplido la exigencia de comunicación anticipada del receso. Juzgó que en el caso habría resultado razonable un plazo de preaviso de dieciocho meses, atendiendo a la duración de la relación, considerando asimismo que ello habría sido suficiente para permitir a la distribuidora readecuar sus actividades comerciales.

POR CONSIGUIENTE Y HASTA AQUÍ: EL DISTRIBUIDOR TIENE DERECHO A SER PREAVISADO CON LA ANTELACIÓN SUFICIENTE PARA PERMITIR A LA DISTRIBUIDORA READECUAR SUS ACTIVIDADES COMERCIALES.

Por otra parte, el Juez estimó procedente la indemnización reclamada  en concepto de lucro cesante, compuesto por las   utilidades netas que habría obtenido la demandada durante el período de preaviso que, con base en la pericial contable y en las facultades conferidas por el artículo 245 del Código Procesal, cuantificó prudencialmente en la suma de treinta y un mil quinientos pesos ($ 31.500.-) según cálculos que detalló. Señaló además que esa suma devengaría  intereses a la tasa activa promedio mensual -sumada- según publicación del Banco de la Nación Argentina desde junio de 1996 -que fijó como fecha del distracto- y hasta el efectivo pago.

ENTONCES Y HASTA AQUÍ, PARA EL CASO DE QUE OMITA EL PREAVISO DE TERMINACIÓN DEL CONTRATO DE DISTRIBUCIÓN, EL DISTRIBUIDOR TIENE DERECHO A SER INDEMNIZADO POR LUCRO CESANTE QUE ES IGUAL A LAS UTILIDADES NETAS QUE HUBIERA OBTENIDO DURANTE EL PERÍODO DE PREAVISO.

Por otro lado, el juez de primera instancia, rechazó las pretensiones relativas a los rubros «daño emergente», «clientela» y «daño moral». Impuso las costas en proporción al éxito obtenido y con criterio jurídico, con arreglo al artículo 252 del Código Procesal, en un 30% a cargo de la actora y en un 70% a cargo de la demandada, teniendo   en consideración que si bien la demanda resultó procedente, igualmente fueron desestimados ciertos rubros de importancia económica.

EN CONSECUENCIA NO FUE PROCEDENTE EN ESTE CASO LA INDEMNIZACIONES POR DAÑO EMERGENTE, CLIENTELA Y DAÑO MORAL.

En segunda instancia

La Cámara confirma el fallo de primera instancia no haciendo lugar a los recursos de apelación instados por las dos partes.

Asimismo amplía los conceptos anteriores en los siguientes términos:

EN CUANTO AL TIEMPO DEL PREAVISO PARA EXTINGUIR EL CONTRATO DE DISTRIBUCIÓN DIJO: En torno a la cuestión sobre cuán extenso debe  ser el preaviso para que se lo pueda considerar razonable, la jurisprudencia ha sido muy variada y, sobre el particular, se ha señalado que la razonabilidad del preaviso se relaciona con el tiempo que sea apto a efectos de que el distribuidor tenga la posibilidad de readecuar su estructura empresaria a la nueva situación o, en su defecto, proceder a un cierre ordenado, de modo que lo razonable variará en función de distintas pautas, debiendo computarse no sólo el plazo por el cual     haya estado vigente el contrato, sino también su   objeto específico y las inversiones requeridas por     el negocio, las inversiones efectivamente realizadas, la existencia de nuevas inversiones en tiempos próximos a la resolución, etcétera.

EN CUANTO A LA INDEMNIZACIÓN POR LUCRO CESANTE POR NO HABERSE PREAVISADO LA RUPTURA DEL CONTRATO DE DISTRIBUCIÓN SOSTUVO: En lo relacionado con la cuantificación de la indemnización por lucro cesante, se destaca que sobre el tema expuso el juez de grado que la indemnización  por este rubro debía calcularse sobre la base de las utilidades que habría obtenido la actora si hubiese continuado efectuando la distribución de los productos de la demandada durante el lapso de preaviso.

En esa tarea expuso que: «el monto del resarcimiento debe fijarse atendiendo a los últimos ingresos del distribuidor, ya que de habérsele concedido el plazo, éste habría correspondido al último tramo de la relación, resultando razonable que las ganancias que se reconozcan se encuentren vinculadas a las últimas obtenidas y no a las lejanas, aunque correspondan a tiempos de mayor bonanza, debiendo tomarse en cuenta las utilidades netas y no las brutas, provenientes de     las ventas hechas exclusivamente de los productos fabricados por la demandada.

EN CUANTO AL DAÑO EMERGENTE POR TERMINACIÓN DEL CONTRATO DE DISTRIBUCIÓN NO SE HIZO LUGAR POR FALTA DE PRUEBA Y ARGUMENTOS, A ESTOS EFECTOS SE AFIRMÓ: En cuanto a los demás rubros resarcitorios reclamados, se advierte en primer lugar que si bien la apelante afirma sentirse agraviada por la desestimación de la indemnización por el rubro «daño emergente», no desarrolla argumento alguno sobre el particular,  omisión que autoriza a tenerla por conforme ese punto de la sentencia (arg. art.365, C.P.C.C.).

EN CUANTO A LA INDEMNIZACIÓN POR CLIENTELA SOLICITADA POR EL DISTRIBUIDOR DISPUSO QUE: Con relación al rechazo del rubro «valor clientela», el memorial no contiene una crítica jurídicamente razonada en los términos del artículo 365 del Código Procesal, respecto de las consideraciones vertidas por el a quo sobre el particular.  En efecto, la apelante se limita a afirmar dogmáticamente que el cambio en el modo de comercialización de los productos de la demandada, al pasar ésta a vender sus productos en forma directa, habría importado el aprovechamiento o apropiación de  los clientes de la actora. Pero omite hacerse cargo, mediante una crítica fundada, de las razones en que se sustentara el rechazo del a quo, en el sentido de que la doctrina señala que «la clientela pertenece al producto o la marca, y no al que los comercializa, y que, en el estado actual de la jurisprudencia, su indemnización procede sólo a título excepcional y en función de las circunstancias particulares del caso»

Y la mención de lo previsto en materia de compensación por clientela en el artículo 1.497 del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación carece     de virtualidad para modificar lo decidido pues, aun dejando de lado que todavía no ha entrado en vigencia y que dicha norma atañe a los contratos de agencia mientras que a los contratos de distribución  les resultarían aplicables en lo pertinente las normas correspondientes al contrato de concesión (art. 1.511 inc. b), de todos modos y como mera hipótesis de trabajo corresponde señalar que la compensación por clientela sólo se otorgaría, de acuerdo con la norma citada, al agente que mediante su labor hubiese incrementado significativamente el giro de las operaciones del empresario, siempre que su actividad anterior pudiere continuar produciendo ventajas sustanciales a éste, es decir, se trataría de un derecho de procedencia excepcional supeditado a pautas de evaluación similares a las utilizadas por el a quo, no esforzándose la apelante por demostrar -ni advirtiéndolo este tribunal- la configuración en el caso de tales circunstancias de excepción, de lo que se sigue que la simple invocación del citado artículo 1.497 resulta inconducente para persuadir que el criterio del juzgador haya sido equivocado.

EN TANTO RESPECTO DEL PEDIDO DE INDEMNIZACIÓN POR DAÑO MORAL DEL DISTRIBUIDOR EN ESTE CASO DISPUSO:  en lo tocante a la pretensión por daño moral, se advierte que lo invocado por la apelante acerca de la posibilidad en abstracto de indemnizar perjuicios de índole extrapatrimonial en la órbita de la responsabilidad contractual, así como su cita de jurisprudencia que, en casos de ruptura intempestiva de contratos de distribución, ha admitido la procedencia de un resarcimiento de tal naturaleza en favor de personas físicas, no rebaten eficazmente uno de los fundamentos en que el juez sustentó el rechazo de esa pretensión, en tanto sostuvo que «tratándose (la actora) de una persona jurídica, es criterio dominante el que propicia su improcedencia dado que éstas no pueden experimentar alteración disvaliosa de su espíritu. Así lo ha declarado la jurisprudencia incluso en casos de contratos de distribución»

En conclusión señor distribuidor, para el caso de que su cliente termine intempestivamente la relación comercialización del producto en cuestión usted tiene derecho a ser preavisado o indemnizado por lucro cesante por el tiempo que hubiera durado el preaviso. Asimismo podrá tener (según el caso) derecho a indemnización por clientela solo en el caso de que pruebe que usted la ha incrementado y que antes no existía. En cuanto al daño emergente puede reclamarlo y debe probarlo. Mientras que la indemnización por daño moral es procedente para las personas físicas en algunos fallos judiciales.