El régimen de Separación de Bienes

Los cónyuges pueden optar, de común acuerdo, entre un régimen de Comunidad de Ganancias o un Régimen de Separación de Bienes. Esta opción pueden hacerla por escritura pública, antes del matrimonio, y en este caso puede ser modificada por convención de ambos cónyuges después de un año de celebrado el matrimonio, o también pueden hacerla durante el matrimonio.

Sin lugar a dudas, una de las grandes modificaciones introducidas por el CCC al régimen patrimonial del matrimonio gira en torno a la posibilidad de optar por el régimen de separación de bienes, al que, en el Código de Vélez, solo se podía acceder mediante decisión judicial frente a supuestos en los que se demostrara la ineptitud en la gestión de los bienes, o bien frente al abandono voluntario de la convivencia marital o la declaración de incapacidad del cónyuge.

En este sistema no hay distinción alguna entre bienes propios y gananciales. Solo se puede hablar de bienes personales o privativos. Ninguna comunidad surge con el matrimonio, de modo que ningún cónyuge tiene derecho actual o eventual sobre las ganancias del otro.

El Régimen de Separación de Bienes obedece a una concepción jurídica opuesta a la del régimen de la comunidad; se caracteriza fundamentalmente por la ausencia de cualquier comunidad o masa común de bienes entre los esposos. Cada cónyuge es responsable ante terceros y están obligados a contribuir a las cargas del hogar según sea su capacidad económica y a la crianza y educación de los hijos comunes.

Cada cónyuge conserva la independencia de su patrimonio y, por ende, retiene la propiedad y el exclusivo uso, goce y disposición de sus bienes y de los frutos de los mismos, tanto de los que sea titular a la fecha de comenzar el régimen de separación como respecto de los que adquiera, por cualquier modo legítimo, durante su vigencia.

El régimen de separación de bienes, como su propia denominación lo expresa, consiste en que cada uno de los cónyuges tiene la libre administración y disposición de sus bienes personales, y se hace responsable por las deudas que contrae con excepción de la responsabilidad solidaria prevista en el art. 461 CCC.

Si los cónyuges optan por un régimen de separación de bienes, se aplican los arts. 505 a 508. El art.. 475. inc e, autoriza el reemplazo del régimen de la comunidad por el de separación de bienes.

En este régimen, cada cónyuge es único propietario de los bienes que adquiere por a título gratuito u oneroso y por la causa que fuere. De manera que cada uno de ellos tiene la libre administración y disposición de sus bienes, con excepción de lo dispuesto en el art. 456 que requiere el asentimiento del cónyuge del propietario para disponer de la vivienda familiar y de los muebles que en ella resultan indispensables, y también para transportar esos muebles fuera de la vivienda de la familia.

Y de no haberse requerido dicho asentimiento, el cónyuge del propietario del bien puede demandar la nulidad del acto o si es el caso, la restitución al inmueble de los muebles indispensables al hogar familiar.

Además, si el propietario del inmueble donde se halla la vivienda familiar ha contraído deudas después de celebrado el matrimonio, ese inmueble sólo podrá ser ejecutado si el otro cónyuge había prestado el asentimiento o la deuda había sido contraída por ambos esposos

El régimen de separación de bienes no confiere a los esposos expectativas comunes sobre los bienes adquiridos o ganados por cada uno de ellos. Es decir, el matrimonio no altera el régimen de propiedad de los bienes, que siguen perteneciendo al cónyuge adquirente: cada cual administra para sí y dispone de lo adquriido. A su vez, cada cónyuge responde individualmente por las deudas que contrae y los bienes del otro no quedan afectados, en principio, por esa responsabilidad,. salvo los casos establecidos en el art. 455 y siguientes.

En tal sentido, el art. 505 establece que en el régimen de separación de bienes cada uno de los cónyuges conserva la libre administración y disposición de sus bienes personales, excepto lo dispuesto en el art. 456. Cada uno de ellos responde por las deudas por él contraídas, excepto lo dispuesto en el art. 461.

El art. 506 dispone que tanto respecto del otro cónyuge como de terceros, cada uno de los cónyuges puede demostrar la propiedad exclusiva de un bien por todos los medios de prueba. Los bienes cuya propiedad exclusiva no se pueda demostrar, se presume que pertenecen a ambos cónyuges por mitades. Demandada por uno de los cónyuges la división de un condominio entre ellos, el juez puede negarla si afecta el interés familiar.

Cesa la separación de bienes por la disolución del matrimonio y por la modificación del régimen convenido entre los cónyuges En caso de disolución del matrimonio, a falta de acuerdo entre los cónyuges separados de bienes o sus herederos, la partición de los bienes indivisos se hace en la forma prescripta para la partición de las herencias.