Deficientes mentales ¿Incapaces de amar? Derecho al matrimonio

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¿Pueden casarse los discapacitados mentales? ¿Tienen derecho a ello? ¿Incapacidad para amar e incapacidad para querer?  Aquí está en juego el consentimiento, y la voluntad, el libre discernimiento de la razón para decidir y la voluntad para actuar en consecuencia.

Las personas con deficiencias mentales han sido catalogadas por las leyes como incapaces, por lo cual para celebrar ciertos actos necesitarán ser representados, asistidos, tutoriados por otras personas a las que las leyes llaman «capaces».

La respuesta a estos interrogantes no resulta fácil ni puede ser tomada a la ligera; en los mismos términos tampoco se podrán hacer «generalizaciones».

En este punto, me veo obligada a enunciar algunos conceptos: En nuestro derecho, «capacidad»: es la aptitud de las personas para adquirir derechos y contraer obligaciones; mientras que los «incapaces por demencia»: son las personas que por causa de enfermedades mentales, no tengan aptitud para dirigir su persona o administrar sus bienes.  (art. 141 del código civil)

Ahora bien, el derecho de Argentina establece que es impedimento para celebrar el matrimonio: «La privación permanente o transitoria de la razón, por cualquier causa que fuere;» (inc.8 art. 166 del c.c).

La «privación de la razón», hace referencia directa a lo que llamamos «entendimiento»o «inteligencia».  Pero en esta cuestión ha señalado, muy atinadamente Pérez Marín («Matrimonio y deficiencia mental», Universidad Pontificia Comillas. Cátedra de Bioética) que:

«No es tanto el nivel de inteligencia, cuanto otro conjunto de rasgos, de madurez personal, lo que  hace posible no ya una relación sexual estable, sino incluso la demanda de esa relación y aun más la  demanda de su reconocimiento social en el vínculo del matrimonio.  De todas modos, al considerar  en serio el matrimonio o simplemente emparejamiento de hecho, se está pensando en personas con  deficiencia ligera o moderada.  Quienes se hallan en los mínimos de una deficiencia profunda o  severa muy difícilmente lleguen a establecer o incluso a buscar una relación duradera con otra  persona; y en caso de que llegaran a establecerla, ese mismo hecho o bien demostraría que no era  tan severa su deficiencia, o bien habría contribuido a levantarles de ella»

Es decir que, en nuestro derecho,  ante la celebración de un matrimonio atacado con estos impedimentos, el oficial del registro civil se abstendrá de celebrarlo, habrá derecho a la oposición y denuncia por parte de terceros interesados y aún habiéndose celebrado podrá ser anulado.

Repensando la cuestión, debo decir que sin lugar a dudas la recepción legal,  sin ningún tipo de reparos del matrimonio entre o con deficientes mentales, provocaría un desórden en cuanto a los fines del matrimonio, la libre determinación, la necesidad ineludible del consentimiento, la familia y la procreación.  Tanto o igualmente indeseable como la expresa prohibición.

Por lo que, entiendo que debe tratarse minuciosamente la cuestión y evitar mayores daños como el concubinato, los incapaces no deben ser comprendidos como «incapaces en abstracto y en general para contraer matrimonio», el derecho a casarse y a constituir una familia tiene raigambre constitucional, es un derecho humano y personal, y si en muchos casos las incapacidades son suplidas por el Ministerio Pupilar, por apoderados, o con otras instituciones legales, en este caso el consentimiento no puede ser suplido en sí para matrimonio, pues el consentimiento en este caso es una decisión personalísima de proyecto de vida, y es sabido que las personas deficientes leves son capaces de trabajar, estudiar y cuidar de sí mismas, más allá de su capacidad intelectual.  El desarrollo de la afectividad y el deseo y la necesidad de estar con otro, de interactuar como seres sexuados; en personas discapaces intelectuales, nos demuestra que en ciertos casos son capaces de expresar libremente su voluntad, de discernir y decidir.  Existen casos en el mundo de matrimonios entre personas con síndrome de down que dado su desarrollo y superación por medio de la educación especial, familiar y social, han podido y de hecho se desarrollan en matrimonio.

Quizá un sistema de «venia matrimonial» como trámite previo a la celebración de esta clase de matrimonios, podría ser una suerte de respuesta legal y humana a este cuestión.  En dicho proceso podrían determinarse psiquiátrica y neurológicamente la capacidad de consentir y discernir, en forma psicológica la capacidad de dar y recibir amor, y por último cumplidas todas las pruebas y si resultare positivo el matrimonio para las partes como una forma también de mejorar y mejorarse a sí mismos, se ordenarían tutores al matrimonio con la intervención del Ministerio Pupilar.  Todo ello teniendo en cuenta que el Estado y la Justicia son los encargados de brindar una protección especialísima a estas personas, respetando su libertad y la no intromisión inadecuada en su vida privada.

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