La intuición del abogado.

En ocasiones, el abogado intuye como por instinto que la solución del caso es en tal o cual sentido. Esta forma de conocimiento se llama intuición y está íntimamente relacionada con lo que Aristóteles señala como sagacidad.

En efecto en la ética nicomaquea el estagirita dice: “La sagacidad de espíritu también es una cosa distinta de la sabia deliberación; y se aproxima mucho al feliz hallazgo”(1). Mientras que en los Primeros Analíticos, la sagacidad aparece definida como una intuición de las relaciones: “la sagacidad es la facultad de encontrar el término medio rápidamente”(2).

En consecuencia la intuición puede entenderse como sagacidad, perspicacia, la posibilidad de ver inmediatamente y como por instinto una idea o situación o la solución de un problema. Y sin duda, un abogado sagaz es capaz de encontrar soluciones inmediatamente.

Es de Henri Bergson la teoría de que “hay que cosas que la inteligencia sola es capaz de buscar sin poder encontrarlas por sí misma. Esas cosas sólo el instinto las hallará, pero jamás las buscará. Es que el hombre ser inteligente conserva algo de instinto” (3).

Para Bergson la intuición está en la línea del instinto. Este filósofo sostiene que la inteligencia y el instinto son modos de operar de la conciencia, mientras que la inteligencia está hecha para el cálculo y los conceptos. El instinto, dice: “es infinitamente docto y maravillosamente ignorante”, conoce lo que conoce de un modo absoluto, pero es ignorante de su propia sabiduría. Brota de la vida misma y hacia ella dirige su marcha, mira en una sola dirección, obra por inspiración como el artista.”(4)

Cuando se habla de conocimiento intuitivo se marca la diferencia con el conocimiento discursivo, puesto que se contraponen. Mientras el conocimiento por intuición es inmediato, directo; el conocimiento discursivo supone la operación que se ejecuta discurriendo la razón por una serie de términos medios, hasta poner en recíproca relación los dos extremos y por eso recibe el nombre de discurso.

En acuerdo con ello, sostuvo Bergson que la  realidad se abre a la intuición cuando se desarticulan y rompen las categorías espaciadoras y pragmáticas del pensamiento. Para Bergson la intuición capta la realidad verdadera, la interioridad, la duración, la continuidad, lo que se mueve y lo que se hace; mientras que el pensamiento rompe la realidad en fragmentos separados, los analiza y los descompone.

Las ideas acerca de la intuición se hallan divididas a lo largo de la historia, mientras que unos sustentan la teoría de que la intuición es un verdadero conocimiento, otros en cambio; si bien han admitido la existencia de actos de aprehensión directa, sostienen que no es por ella que podemos alcanzar un conocimiento propiamente dicho.

Sin embargo, pese a las dudas acerca de la trascendencia o intrascendencia de la intuición como forma de conocimiento, el mundo jurídico le ha reconocido una importancia especial, valga el ejemplo cuando Calamandrei menciona el protagonismo que, a su juicio, puede tener la intuición en la construcción de una sentencia judicial, y asegura que: “al juzgar, la intuición y el sentimiento tienen muy a menudo una participación más importante de lo que a primera vista parece; no por nada, diría alguno, sentencia deriva de sentir ”(5).

Ahora bien, no se trata de apoyar las sentencias, u otros actos procesales en corazonadas y premoniciones, sino de aceptar que de vez en cuando, como abogados, hemos tenido la experiencia de hallar una solución en forma inmediata; claro que con la salvedad que ésta sólo puede ser el inicio de un razonamiento inductivo completo. Debemos entonces como diría Bergson —seguramente lamentándose— “destrozar la intuición en conceptos” y aún más, tenerla primero como hipotética para proceder a su confirmación.

En definitiva, en tanto planteamos que el pensamiento jurídico es problemático (ver artículos relacionados al final)  y tiende por tanto a descubrir una solución, la intuición juega un papel de cierta importancia en el procedimiento inventivo, abre caminos, pues cuando ella obra, los abogados somos capaces de ver las relaciones que comprende la totalidad de una situación jurídica con claridad y la evidencia se nos aparece de manera espontánea e inmediata.

Notas:

(1) Aristóteles. Ética a Nicómaco. Editorial Medí. Año 2010.
(2) Aristóteles. Tratados de Lógica (El Organon). Editorial Porrúa. Año 2011.
(3) Manuel García Morente. La filosofía de Henri Bergson. Editorial Encuentro. Año 2011.
(4) Ob. cit, García Morente…
(5) Piero Calamandrei. Elogio de los jueces escrito por un abogado, Cap.X, Edit. EJEA, año 1956.

Para seguir leyendo:

Habilidades del Abogado

Ser Abogado

Método para resolver un caso

La invención jurídica

El lenguaje de los abogados

BASADO EN EL LIBRO CÓMO PLANTEAR, RESOLVER Y ARGUMENTAR UN CASO. SUÁREZ CARINA V. EDITORIAL GARCÍA ALONSO. AÑO 2012.