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Ser Abogado

¿Quién es Abogado? con esta pregunta Ángel Ossorio (1) encabeza su “Alma de la Toga”, por su parte Couture (2) dedica las primeras páginas de sus “Mandamientos del Abogado” a definir la abogacía y su forma de ejercicio, al estilo de ser abogado. Morello supo decir que más que hablar de la abogacía, debemos referirnos a “los abogados”.

El primero de los autores distingue entre quienes tienen un título habilitante para ejercer la abogacía y quienes efectivamente la ejercen. Los primeros son, a su criterio, licenciados en Derecho y los segundos son los abogados propiamente dichos, a condición de que tal ejercicio sea permanente y no esporádico. “La abogacía —afirma— no es una consagración académica sino una concreción profesional”. “Abogado es, en conclusión, el que ejerce permanentemente la Abogacía”.

Mientras que Couture (2), sostiene que el estilo de la abogacía no es la unidad sino la diversidad, y a su juicio, son abogados en pleno ejercicio de la profesión, los abogados que se desempeñan en política, en cargos administrativos, como juez, como abogado de empresa, como profesor de derecho en la facultad, los que hacen doctrina desde las columnas editoriales, el que administra sus propios negocios, el exclusivamente penalista, el que ejerce en las ciudades del interior y recibe a sus clientes antes de que salga el sol; y el que saca aún la cuenta de sus primeros asuntos, lo mismo el magistrado jubilado, el que ejerce a la norteamericana, medio abogado y medio detective y la joven abogada que defiende procesos de menores con el ansia encendida de la madre que un día ha de ser; entre otros tantos.

¿Qué se necesita para ser abogado? “La cualidad esencial del abogado —afirma Bielsa (3)— es el sentido de la justicia y, desde luego, su amor al estudio; su inteligencia, su facultad de abstracción, de generalización. Pero lo más necesario en ésta profesión es inteligencia y carácter”. Y añade más adelante: “El atributo esencial del abogado es su moral. Es el substratum de la profesión. La abogacía es un sacerdocio; la nombradla del abogado se mide por su talento y por su moral. La creencia generalizada de que los buenos abogados son los listos o pillos es infortunada y falsa”.

Y Ossorio (1) estima que “en el abogado la rectitud de la conciencia es mil veces más importante que el tesoro de los conocimientos”, pues “primero es ser bueno; luego ser firme; después ser prudente; la ilustración viene en cuarto lugar; la pericia en el último”.

Por su parte Couture (2) señala que la abogacía es un constante ejercicio de la virtud. La tentación –sostiene- pasa siete veces por día delante del abogado. Éste puede hacer de su cometido, se ha dicho, el más noble de todas las profesiones o el más vil de todos los oficios.

Es que en definitiva:

Ser abogado es un estilo de vida. Porque, llega el día en la vida de cada abogado, en que la abogacía impregna su forma de ver, ser, estar y actuar en el mundo.

Notas:
(1) Ossorio, Ángel. El alma de la toga. Valleta Ediciones. 1997
(2) Couture, Eduardo. Los mandamientos del abogado. Depalma. 1999
(3) Bielsa, Rafael. La Abogacía. Abeledo Perrot. 1960

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