Written by Suarez Carina on 26 Diciembre 2009 – 18:16
Hemos planteado desde diferentes aspectos la necesidad de superar las dicotomías extremas de ciertas posiciones políticas y económicas, dando el salto, al que he identificado como “dialéctico” hacia una “síntesis” de pensamiento y acción que se base en el valor primordial que debe sostener y fundamentar a toda organización humana: La Justicia.
Especialmente la Justicia Social o la Justicia Distributiva, según la tradicional clasificación de Aristóteles; no se ha visto realizada en las economías argentina y de latinoamérica
“Por su origen la Justicia Social hace referencia hace referencia al bienestar económico y social de la “sociedad” como una comunidad de trabajo y de orden económico y social del pueblo de un estado. Por virtud de la división del trabajo la economía nacional se convierte en cooperación económico-social; cuyos miembros en los distintos grupos y clases dependen todos de unos y de otros, en el trabajo que realizan para proveer su subsistencia. Por ello la economía nacional constituye una comunidad de trabajo, cuyo bien común exige que se distribuya a todos los grupos y miembros la parte que por sus prestaciones les corresponde en los frutos de su cooperación. Estas partes se distribuyen mediante los ingresos en forma de precios, salarios, intereses y rentas de la tierra, del capital, de los seguros sociales y privados. Por virtud de la cooperación social y económica y de la distribución de los frutos que lleva consigo, surgen las obligaciones de la Justicia natural.” (MESSNER JOHANES “Ética Social, política y económica a la luz del Derecho Natural”. Ediciones RIALP S.A.. Madrid – México- Buenos Aires – Pamplona. Año 1967)
Sin duda la Injusticia Social, provocada entre otros factores, primordialmente por las fallas de la “economía de mercado” ha producido situaciones de pobreza extrema en grandes sectores de la población, verificándose día a día el crecimiento de un mayor aumento de afectados.
“… la economía de mercado ¿qué alberga esa fórmula?. Según el economista Hermann Sautter de Göttingen, no representa más que un cambio de la política económica, que significa en buena medida, la retirada del estado de cualquier actividad económica, aunque fatalmente la renuncia a sus funciones de regulación y control. Agrega que en este sentido muchas veces se pasó por alto que la economía de mercado depende de un estado capaz de actuar, ya que únicamente él es capaz de garantizar la existencia de las indispensables condiciones generales de carácter institucional.” (LIENKAMP ANDREAS, “Altenativas frente al neoliberalismo”Justicia Social para América Latina” CIEDLA. KONRAD ADENAUER STIFUNG A.C. 2000 )
A este “pseudo sistema económico” se le agrega la ya señala incidencia nefasta que tiene el peso de las deudas externas sobre las economías latinoamericanas; una “sumatoria perversa” que impide desarrollo de estas naciones.
Todo sistema económico supone el intercambio de bienes y servicios entre los miembros de una sociedad mediante la división del trabajo; (esto también lo supone el mercado). Este intercambio servirá a que cada individuo satisfaga sus necesidades e intervenga en el sistema movido por sus propios intereses, ya sea para consumir o para producir, en el segundo caso intentará que su producto sea consumido, y le signifique para él una ganancia y con el fruto de esta renta consumirá otros bienes que ofrece la economía.
Hasta el momento; este sistema económico, es esencialmente bueno para el hombre, verificándose como un “valor” en tanto le sirve al hombre para la satisfacción de sus necesidades existencias materiales.
Ahora bien, lo decripto, no es otra cosa que una explicación simplificada del sistema de mercado; que por otra parte supone un grado importante de “autodeterminación” del hombre y por tanto de su economía.
Hemos visto también, que el factor ganancia o renta permite al productor obtener otros bienes o servicios distintos a los que él produce y que necesita para satisfacer sus necesidades materiales. Inmediatamente puede advertirse que quien no resulta productor, es decir no tienen nada para ofrecer en el sistema, ya sea bienes, servicios o su fuerza de trabajo; ya sea para el caso de que no cuente con “estos producidos” o porque éstos no son consumidos por el sistema, por las diversas razones que fueren; irremediablemente “queda fuera del sistema”; o lo que hoy llamamos “fuera del modelo”.
Este sector excluído tiene remotísimas posibilidades de insertarse en el sistema, formando las filas del sector social de la pobreza.
¿Dónde está la falla?. Por una parte, el sistema supone sólo una “ley de probabilidades”, es decir dado “a” resulta “b” bajo ciertas condiciones. Y tratándose de que “a” supone “conductas humanas” no estamos justamente frente a una ley física-química-matemática; pues siendo el hombre libre, sus respuestas no responderán jamás a un determinismo absobuto, es decir son “impredecibles”; a lo que debe sumarse que aquellas “ciertas condiciones” tampoco son cien por ciento probables de darse en la realidad aunque sea factible propiciarlas. Por lo tanto las conocidas leyes de la oferta y la demanda, fallan en cuanto se basan sólo en un presupuesto de probabilidades sin preveer garantías para el margen de falla.
Entonces, en el mercado, el ordenamiento social se basa en el “cálculo estratégico de la instrumentalización recíproca de intereses complementarios. La red social que incluye a los individuos tiene sus raíces en la cooperación en aras del aprovechamiento mutuo. La reciprocidad que se le atribuye se sustenta en el reconocimiento del derecho a libertad que tienen los demás y en la suposición recíproca de una racionalidad estratégica en la medida en que uno cuenta con los demás. El norte utópico de una sociedad regida por el mercado está constituída por la idea de mercado perfecto, de un sistema de intercambio perfecto capaz de cubrir la totalidad de la demanda de coordinación de ese sistema y que, además, puede procurar la coherencia social sin sustituto institucional exterior alguno a través de la armonización espontánea de intereses individuales y de las funciones de la libertad “.( W. KERSTING. “El mercado ¿final de la historia?. Sobre la crítica social filosófica frente al modelo económico liberal”, en N. Brieskorn / J. Walacher (ed.) Homo oeconomicus: Der Mensch der Zufunft?, Stuttgart/ Berlín / Colonia 1997, p. 108)
Por tanto, el mercado se basa en un cierto “orden” fundamentado sólo intrínsecamente, es decir dado dentro del mismo sistema en sí mismo sujeto sólo a “probabilidades”; por lo que este orden resulta sólo probable, en tanto tiene también este calificativo la ley que lo sustenta.
Ahora bien la Justicia Social no puede resultar nunca de un “cálculo de probabilidades” sino de una “acción cierta”, de alguna “forma de planificación”; pués de otra forma el Bienestar de la Población sólo será eventual. Y un estado que abandone su fin primordial a una “eventualidad”, lejos está de poder llamarse Nación.
Sin embargo no se trata de “abolir” el mercado, ni sostener posiciones retrógradas tan extremas como el mismo liberalismo a ultranza, sino de que, reconociendo que la competencia actúa como principio ordenador de la economía; en términos de probabilidades; necesita un “plus ordenador”, que más allá de la señalada “cooperación individualista” en pos de los intereses humanos; establezca un “orden de justa distribución garantizador del bienestar general.
Es decir a las Reglas Económicas habrá que sumarle las Reglas Sociales, y esta regulación deberá brindarla el Estado; pués es a éste quien le compete garantizar la Justicia Social.
Por lo tanto ya no se trata de un “estado mínimo” sino de un estado que establezca las “verdaderas reglas del juego” reglamentando y regulando la competencia y que poseea por tanto un poder sancionador suficiente para penar a los infractores. Por lo que se hará necesario la construcción de una importante red de información de los mercados.
Asimismo el estado deberá ejecutar políticas de inversión auxiliando a los sectores industriales, agropecuarios y productivos en general; conjuntamente con una política tributaria que lejos de sofocar la producción local, la incentive y propicie su desarrollo.
En el mismo sentido, se proveerá a la formación de nuevas pequeñas y medianas empresas, reguladas bajo los principios de la cooperación y participación entre trabajadores y empresarios.
La solidaridad social formará parte también del sistema económico, incentivando las transferencias de capital desde las grandes empresas hacia las que aún están en desarrollo; hacia una integración empresarial.
Sin duda habrá que agregarse, pero sólo en forma transitoria, la instauración de seguros de desempleo; pués la brecha de desocupación habrá de decrecer paulatinamente.
Por último, la inversión en Educación y Capacitación, formará parte indispensable del desarrollo, pués dentro del juego del mercado, el conocimiento configura hoy, uno de los bienes más valiosos, siendo considerado la clave del progreso.
En conclusión una verdadera economía será la que pueda calificársela de social, aunque lo social sea el valor agregado de mercado. Por lo que habrá que “gobernar” también al mercado pues de otra forma ya se ha convertido en una cierta bestia salvaje a la que habrá que domar.
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