Written by Suarez Carina on 15 Diciembre 2009 – 13:02
“La República puede estar hondamente dividida en partidos internos pero no tiene sino un honor y un crédito, como solo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre su hambre y sobre su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe en los mercados extranjeros”
(Palabras del Presidente de la República Nicolás Avellaneda)
El desarrollo económico es un fenómeno complejo. Así es como tradicionalmente se ha considerado tres aspectos básicos para medir el crecimiento y los progresos de un país: la producción de bienes y servicios, el nivel de vida de los habitantes y los cambios producidos en la capacidad de la economía de proveer en el futuro bienes y servicios necesarios.
Pero sin duda el crecimiento económico exige una Reforma Social que implica fundamentalmente en primer lugar un “cambio de mentalidad” es decir la correspondencia de la actitud de la sociedad en relación con los valores esenciales, se trata de un cambio de espíritu, basado en la solidaridad, y el esfuerzo sostenido por alcanzar una prosperidad inspirada en una justa distribución de la riqueza.
Y por otra parte y en segundo lugar el crecimiento requiere “la reforma de las condiciones vitales del estado” reconociendo la fallas de sus instituciones, es decir eliminar y cambiar todo lo que funciona deficientemente y mantener y robustecer lo que cumple su misión.
Ahora bien esta “reforma social” con su consiguiente cambio de mentalidad basado en la solidaridad y la reforma de las instituciones u organismos ineficientes; debe verificarse tanto dentro de una comunidad política estatal como también en la comunidad internacional.
De otra forma no podrá alcanzarse un verdadero desarrollo de todos los países del planeta, que atienda conjuntamente a los objetivos económicos - sociales y realice las transformaciones necesarias a lo que hace a la distribución de las riquezas.
Ahora bien, en la comunidad internacional, se reconocen dos realidades antagónicas: países ricos y países pobres o como prefiere llamarlos la O.N.U: países desarrollados y países en vías de desarrollo o con aquella distinción clásica “primer mundo” y “tercer mundo”.
El padre de esta denominación es el Profesor Alfred Sauvy, que en 1952, en la época de la guerra fría, inventó este término para designar a los países subdesarrollados no comprometidos y no alineados, que permanecían fuera de los dos bloques. Pero claro está que esta denominación “tercer mundo” en el entender popular refleja algo más que la intención con la que lo usó su inventor, teniendo sin lugar a dudas un aspecto peyorativo y un significación inequívoca: pobreza.
Los países en vías de desarrollo identifican, las siguientes características: desnutrición, desempleo o subempleo crónico, bajo nivel educativo, inestabilidad monetaria, deficiencias en la infraestructura, disminuída capacidad de ahorro e inversión, recursos naturales no explotados, grave dependencia de capitales extranjeros con enorme endeudamiento, bajos ingresos y deteriorado nivel de vida. Estos aspectos afectan directamente el crecimiento y a su vez son la consecuencia de la falta de crecimiento, es decir que constituyen efecto y causa del subdesarrollo.
Ante esta situación, estos estados recurren a la “ayuda económica internacional” que fuera de resultar una “ayuda” constituye una verdadera “hipoteca” no solo económica sino social.
De tal modo que en ningún caso esta clase de “préstamo” resulta beneficioso para el desarrollo de los países subdesarrollados sino que resulta “deteminante” para mantenerlo en su pobreza; pues la devolución de la misma en el volúmen y bajo las condiciones en que se le es exigida resulta proporcionalmente inversa a su capacidad de pago, pues como hemos dicho los países pobres no cuentan prácticamente con capacidad de ahorro ni de producción; al menos en el tamaño en que lo exige el pago de la deuda.
Por lo tanto estamos ante un círculo vicioso, pues “cumplir con las obligaciones asumidas” por el país subdesarrollado implica necesariamente seguir siendo pobre pues el cumplimiento de los pagos en las condiciones exigidas por los acreedores implica “ajustar, restringir” aún más su economía ya ajustada y empobrecida. Es decir que de ningún modo queda margen para desarrollo alguno.
Queda claramente establecido que no se trata de ninguna “ayuda internacional” sino más bien de un “préstamo” bajo condiciones de financiación tendientes a trabar el desarrollo económico; con una alta tasa de interés, con una amortización a mediano plazo y a veces incluso más desventajosa que los préstamos que habitualmente se otorgan los países desarrollados entre sí.
Pues tal ayuda para ser considerada tal, es decir con la finalidad de que los países pobres se desarrollen, debe ser en primer lugar “transitoria” es decir dada en el momento del “despegue” de un economía subdesarrollada hasta que ésta alcance niveles de crecimiento aceptables, con lo que se evita el endeudamiento constante y eterno de los países subdesarrollados y dada “gratuitamente” es decir sin proporcionar ventajas patrimoniales extraordinarias al acreedor.
Veamos ahora como se estructura “la ayuda”:
1) Ayuda Pública para el desarrollo, que constituye la ayuda propiamente dicha, compuesta de los fondos que los estados proporcionan en condiciones favorables.
2) Otros aportes de fondos públicos, que comprenden los créditos públicos a la exportación y el importe neto de las suscripciones por los estados de obligaciones, de títulos de empréstito y de parte de las instituciones multilaterales.
3) Aportes privados, que comprenden las inversiones directas, las inversiones de cartera y los créditos privados a la exportación a plazo mayor de un año.
Ahora bien, los países deudores reembolsan a los acreedores en cada vencimiento; sumas enormes en concepto de “sevicios de deuda” es decir, amortización de capital e intereses y a su vez requieren aún nuevos préstamos pues en el momento del “despegue económico hacia el desarrollo” se necesitan aún inversiones mayores. Por lo que se verifica claramente que el deudor está pagando en condiciones desfavorables pues no tiene aún el “margen necesario de pago”; se encuentra en “vías de …” y continuará estando en “vías..” pues no solo está pagando lo que su capacidad aún no le permite sino que está endeudándose nuevamente. Por lo que no solo queda trabado el desarrollo sino que pone en peligro su balanza de pagos interna.
El economista griego Angelopulus agrega a estas condiciones desfavorables lo que él llama “la ayuda atada” que consiste en que los países que reciben la pretendida ayuda están obligados a utilizarlos para adquirir productos del país que otorga el crédito, sin poder controlar los créditos, ni la calidad, ni las condiciones del transporte.
A la observación del economista se debe agregar la “falta de equidad en el comercio internacional”, es decir la forzada apertura de los mercados de los países pobres contra el proteccionismo de los países desarrollados. Así como se ha señalado en este ensayo respecto de “cierto liberalismo” al tratar el tema del rol del estado.
A estas alturas, fuera de caer en un pesimismo absoluto; se hace necesario plantear como caminos de solución las siguientes prioridades:
1) Establecer contundentemente la ilicitud de los intereses y servicios de la deuda que gravan a nuestro país y al resto de los países latinomericanos; en correspondencia con el sentido común y con la posición sentada por el “Consejo Episcopal Latinoamericano” –CELAM-, por el “Parlamento Latinoamericano” –PARLANTINO-, y la “Central Latinoamericana de Trabajadores” –CLAT- ante las grandes instituciones de Naciones Unidas (CNUCE, OIT, FAO, UNESCO, UNIDO, AIEA) para que promuevan un sistema internacional más justo proclamando la necesidad de una verdadera solidaridad internacional.
2) La necesidad de instaurar un nuevo Organismo Internacional Latinoamericano Representativo de los Intereses de los Países Pobres para la Promoción del Desarrollo; que como factor de presión del poder que detentan los países desarrollados, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial entre otras instituciones económico financieras internacionales; coordinen sus esfuerzos con el fin de obtener las mayores ventajas posibles por su acción conjunta; luchando por la igualdad internacional y el desarrollo global.
3) Desarrollar y exigir la Cooperación Internacional y una verdadera Política Social en Escala Mundial; de esto se trata nada menos el “cambio de mentalidad” del que hablábamos al principio.
Sólo así Argentina, como el resto de los países latinoamericanos se encontrarán verdaderamente “integrados” en lo que se ha dado a llamar “la aldea global”; de otra forma fuera de ser “ciudadanos” de la misma seremos “agobiados esclavos” de despóticos tiranos.
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Carina, muy buena reflexión. Sí, un problema sin resolución pronta, ya que los países desarrollados y los organismos multilaterales necesitan que les paguen sus préstamos. La solidaridad internacional en este caso no funciona porque los gobiernos de los países del primer mundo están obligados por sus electores y por sus grupos de poder a responder primero a sus intereses internos. Yo pienso como dice el economista Oswaldo Sunkel en un desarrollo desde adentro para poder pagar la deuda y empezar a salir del subdesarrollo, si bien es cierto los países desarrollados tienen parte de responsabilidad en el problema, los países del tercer mundo debemos empezar a ser creativos y a crear nuestros propios organismos de crédito, para no depender del primer mundo, para eso debemos ser creativos y responsables. Sin embargo, concuerdo contigo en la falta de solidaridad internacional, ya que en una aldea global, si un país se quiebra se pone en peligro todo el equilibrio global, entonces por puro egoísmo debería crearse esa solidaridad hacia los países en vías de desarrollo. Buen post, saludos.